-Pero no toda tú –dijo Elena.
-No, no toda yo.
-Pero ¿Cuántos años tienes? –pregunto Elena.
-Una buena pregunta.
-Me encantaría escuchar tu historia Eris.
-A mi también, pero es tarde. Si quieres te la cuento… pero…
Había que decirle algo sobre Damon.
Algo grave.
Yo sentía como Elena amaba a Damon y Damon a
Elena, pero también sentía un gran amor entre ella y Stefan. Que problema escoger.
Eso me recordaba a la persona. A la única persona que ame.
-Pero ¿Qué?
-Te parece si nos vemos en…
Maldita sea no recordaba en nombre de la cosa esa.
-… El Mystic Grill.
-Si, ese. Es difícil esta edad.
-No lo es. Pero tan solo te estas adaptando. Solo llevas unos días.
-Cierto.
-Bueno, me voy que… como dices es de noche.
Elena se levanto, agarro su suéter. Y se fue.
Ella se quedo pensando.
Contar su historia era volver a vivir esa horrible experiencia.
No quería volver.
Como bien había dicho Katherina, “La humanidad es la debilidad mas grande de un vampiro, No
Importa cuan fácil sea apagarla, esta simplemente sigue peleando para regresar.”
El problema es que a lo igual que ella luchaba por que mi humanidad se apagara pero no era posible.
Ella suspiro.
Se levanto del sillón y salió de la casa.
Estuvo en el centro de Mystic Falls en menos de unos minutos.
Se sentó en un banco.
No quería recordar esa dolorosa época de su vida.
Su vida humana.
-¿No crees que estas muy sola? –pregunto una voz familiar.
-No creo que deberías estar aquí.
-Eso no importa mucho. ¿Qué haces aquí?
-Disculpa, pero no tengo una casa.
Eso era mentira tenia una, pero nadie sabia de ella y Damon, tampoco debía saberlo.
Y menos cual era y donde se encontraba.
-Por eso te lleve a mi casa para que te quedaras –dijo Damon.
-No necesito tu casa.
Ella se levanto. Damon la paro.
-Deja de huir. Es como si quisiera esconder algo.
-No escondo nada.
-No parece. Siempre huyes. ¿Por qué?
-No huyo de nada.
-Entonces de ¿Quién?
Hubo un silencio sepulcral.
-De nadie –expreso Eris.
Estaba en el Mystic Grill, tomando whisky.
No se podía hablar con Damon, eso me recordaba a…
-Eris –grito Elena.
-Elena ¿Qué haces aquí?
-No recuerdas que me contarías tu historia. Y que nos veríamos aquí.
-Lo siento, Elena, no lo recordaba.
-No te preocupes. Pero si me la contaras ¿verdad?
-Claro, demos un paseo.
Ella pago y ambas se encaminaron a vagar por la ciudad.
-Pregunta –dije.
-Bueno en ¿que año naciste?
-No lo se certeramente, en el año 300 o algo así. Fue cuando Roma venció a Grecia.
-Wow, eres muy vieja.
Me reí.
-Prefiero el termino “antigua”
Elena se rio y yo con ella.
-Cuéntame más.
-Era una hija muy hermosa. Un cabello impresionantemente brillante y ondulado. Era como una chica perfecta.
-Y que paso.
-Era joven cuando me case.
-¿Cuándo te casaste?
-Era joven cuando me case. Pero… mis padres tenían razón en ponerme Eris, como de seguro sabes Eris es la diosa de la discordia pero también de la lujuria.
“Mis padres no eran de la misma sangre, mi madre era griega y mi padre romano. Una bruja de la ciudad les había dicho, que seria alguien que amaría el sexo… -me reí- no se equivoco.
“Una vez que probé lo que era el sexo me encanto, cuando me case, yo no era virgen. Aun teniendo como 16 años. Cuando me case, le fui infiel a mi esposo.
“Tuve 2 hijos y 1 hija. Uno de mis ojos tuvo mis ojos y el color de mi cabello y otro… -Damon- tenía ojos azules celestes y un cabello negro hermoso. Mi hija tenía los ojos azules celestes igual que su hermano, pero su cabello era negro lacio. Mi hijo mayor el que se parecía a mi, no era hijo de mi esposo, fue hijo de un monarca, mi hijo se llamaba: Romeo…
-Como Romeo y Julieta.
-Nada mas el nombre…
-Sígueme contando –me dijo Elena.
-Mi otro hijo, el de ojos azules, se llamaba: Augusto.
Mi hija se llamaba: Anabel.
“Yo amaba a mis hijos, cuando nacieron, solo me dedique a ellos, después de que Anabel naciera, tuve a otra niña. Ella se parecía a su padre y le llamamos: Isabel.
-Espera… -me interrumpió Elena.
-¿Qué pasa?
-¿Cómo era tu esposo?
-Te diré algo, pero necesito que no digas nada.
-Claro, dime, no diré nada al respecto.
-Promételo.
-Lo prometo.
-El era parecido a…
-No, no toda yo.
-Pero ¿Cuántos años tienes? –pregunto Elena.
-Una buena pregunta.
-Me encantaría escuchar tu historia Eris.
-A mi también, pero es tarde. Si quieres te la cuento… pero…
Había que decirle algo sobre Damon.
Algo grave.
Yo sentía como Elena amaba a Damon y Damon a
Elena, pero también sentía un gran amor entre ella y Stefan. Que problema escoger.
Eso me recordaba a la persona. A la única persona que ame.
-Pero ¿Qué?
-Te parece si nos vemos en…
Maldita sea no recordaba en nombre de la cosa esa.
-… El Mystic Grill.
-Si, ese. Es difícil esta edad.
-No lo es. Pero tan solo te estas adaptando. Solo llevas unos días.
-Cierto.
-Bueno, me voy que… como dices es de noche.
Elena se levanto, agarro su suéter. Y se fue.
Ella se quedo pensando.
Contar su historia era volver a vivir esa horrible experiencia.
No quería volver.
Como bien había dicho Katherina, “La humanidad es la debilidad mas grande de un vampiro, No
Importa cuan fácil sea apagarla, esta simplemente sigue peleando para regresar.”
El problema es que a lo igual que ella luchaba por que mi humanidad se apagara pero no era posible.
Ella suspiro.
Se levanto del sillón y salió de la casa.
Estuvo en el centro de Mystic Falls en menos de unos minutos.
Se sentó en un banco.
No quería recordar esa dolorosa época de su vida.
Su vida humana.
-¿No crees que estas muy sola? –pregunto una voz familiar.
-No creo que deberías estar aquí.
-Eso no importa mucho. ¿Qué haces aquí?
-Disculpa, pero no tengo una casa.
Eso era mentira tenia una, pero nadie sabia de ella y Damon, tampoco debía saberlo.
Y menos cual era y donde se encontraba.
-Por eso te lleve a mi casa para que te quedaras –dijo Damon.
-No necesito tu casa.
Ella se levanto. Damon la paro.
-Deja de huir. Es como si quisiera esconder algo.
-No escondo nada.
-No parece. Siempre huyes. ¿Por qué?
-No huyo de nada.
-Entonces de ¿Quién?
Hubo un silencio sepulcral.
-De nadie –expreso Eris.
Estaba en el Mystic Grill, tomando whisky.
No se podía hablar con Damon, eso me recordaba a…
-Eris –grito Elena.
-Elena ¿Qué haces aquí?
-No recuerdas que me contarías tu historia. Y que nos veríamos aquí.
-Lo siento, Elena, no lo recordaba.
-No te preocupes. Pero si me la contaras ¿verdad?
-Claro, demos un paseo.
Ella pago y ambas se encaminaron a vagar por la ciudad.
-Pregunta –dije.
-Bueno en ¿que año naciste?
-No lo se certeramente, en el año 300 o algo así. Fue cuando Roma venció a Grecia.
-Wow, eres muy vieja.
Me reí.
-Prefiero el termino “antigua”
Elena se rio y yo con ella.
-Cuéntame más.
-Era una hija muy hermosa. Un cabello impresionantemente brillante y ondulado. Era como una chica perfecta.
-Y que paso.
-Era joven cuando me case.
-¿Cuándo te casaste?
-Era joven cuando me case. Pero… mis padres tenían razón en ponerme Eris, como de seguro sabes Eris es la diosa de la discordia pero también de la lujuria.
“Mis padres no eran de la misma sangre, mi madre era griega y mi padre romano. Una bruja de la ciudad les había dicho, que seria alguien que amaría el sexo… -me reí- no se equivoco.
“Una vez que probé lo que era el sexo me encanto, cuando me case, yo no era virgen. Aun teniendo como 16 años. Cuando me case, le fui infiel a mi esposo.
“Tuve 2 hijos y 1 hija. Uno de mis ojos tuvo mis ojos y el color de mi cabello y otro… -Damon- tenía ojos azules celestes y un cabello negro hermoso. Mi hija tenía los ojos azules celestes igual que su hermano, pero su cabello era negro lacio. Mi hijo mayor el que se parecía a mi, no era hijo de mi esposo, fue hijo de un monarca, mi hijo se llamaba: Romeo…
-Como Romeo y Julieta.
-Nada mas el nombre…
-Sígueme contando –me dijo Elena.
-Mi otro hijo, el de ojos azules, se llamaba: Augusto.
Mi hija se llamaba: Anabel.
“Yo amaba a mis hijos, cuando nacieron, solo me dedique a ellos, después de que Anabel naciera, tuve a otra niña. Ella se parecía a su padre y le llamamos: Isabel.
-Espera… -me interrumpió Elena.
-¿Qué pasa?
-¿Cómo era tu esposo?
-Te diré algo, pero necesito que no digas nada.
-Claro, dime, no diré nada al respecto.
-Promételo.
-Lo prometo.
-El era parecido a…
By: Princesita Jade.
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